



Monte Blanco
Proyecto residencial
El encargo
Monte Blanco parte de una necesidad muy clara: diseñar una casa que se sintiera habitable desde el primer trazo, no como un objeto aislado, sino como un espacio pensado para el día a día. El cliente buscaba orden, claridad y una distribución que funcionara en lo cotidiano, sin excesos ni decisiones improvisadas durante la obra.
Desde el inicio, el proyecto se planteó como un ejercicio de equilibrio: resolver un programa completo, aprovechar la orientación del terreno y generar espacios que se conectaran entre sí de forma natural.
La intención
Más que imponer un estilo, la intención fue construir una lógica espacial clara. Que cada área tuviera sentido por sí misma, pero también en relación con las demás. Que los recorridos fueran fluidos, que la luz acompañara el uso real de los espacios y que la casa se entendiera como un conjunto coherente.
Monte Blanco se diseñó pensando en cómo se vive una casa: cómo se entra, cómo se recorre, cómo se usan los espacios sociales y cómo se separan de las áreas privadas sin romper la continuidad.
El diseño
La distribución se trabajó para que las áreas sociales se percibieran abiertas, conectadas y bien iluminadas, mientras que las áreas privadas mantuvieran privacidad y calma. Los espacios no se pensaron como cuartos aislados, sino como una secuencia lógica que se va descubriendo conforme se recorre la casa.
El diseño de interiores se integró desde el inicio del proyecto, considerando proporciones, iluminación natural y artificial, materiales y acabados, para evitar decisiones tardías en obra. Esto permitió que cada elección respondiera a un criterio previo y no a soluciones de último momento.
Materiales y atmósfera
Los materiales se eligieron buscando sobriedad y atemporalidad. Tonos neutros, texturas honestas y una paleta que permitiera que la casa se adaptara al paso del tiempo y a las dinámicas de quien la habita.
La iluminación juega un papel clave: no solo como elemento funcional, sino como herramienta para acentuar volúmenes, recorridos y atmósferas, tanto de día como de noche.
El proceso
Monte Blanco se desarrolló con un enfoque claro: definir, visualizar y ajustar antes de construir. El proyecto se trabajó de forma visual para que el cliente pudiera entender el espacio completo, tomar decisiones informadas y avanzar con mayor seguridad.
Este proceso permitió reducir incertidumbre, ordenar el desarrollo del proyecto y mantener coherencia entre diseño, interiores y ejecución.
El resultado
El resultado es una casa pensada desde el conjunto, donde arquitectura y diseño de interiores trabajan como un solo sistema. Un proyecto que no depende de gestos exagerados, sino de decisiones bien tomadas, pensadas desde el uso real y el largo plazo.
Monte Blanco es un ejemplo de cómo un proyecto residencial bien planteado puede ofrecer claridad, funcionalidad y una experiencia de habitar equilibrada desde el primer día.
Superficie
597 m2
Ubicación
Ciudad de México
Año
2025
